La guía de IA

Un blog sobre inteligencia artificial, generado 90% por inteligencia humana.

¿Tiene sentido aferrarse a la escritura y resistirse a la posedición en plena revolución de la inteligencia artificial?

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«Los miembros que publican una vez por semana reciben hasta 4 veces más vistas en su perfil.»

LinkedIn, en sus sutiles notificaciones

Así me recibió LinkedIn al abrir mi perfil, con una sutil exhortación a publicar más contenido. Es que este mundo donde gobiernan las redes sociales nos presiona cada vez más a producir más contenido y a mayor velocidad.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Lejos quedó el tiempo en que reinaban los blogs, con artículos de opinión bien pensados y contenido original al que escritores, muchos de ellos amateurs, dedicaban buena parte de su tiempo de ocio. A ese tiempo le pasó por arriba el de las llamadas content mills1 (de las que debo admitir formé parte). Allí podía haber espacio para algún artículo de calidad, pero se priorizaba la producción de cantidad. Reinaban los listicles («7 cosas que no sabías sobre la inteligencia artificial, ¡la 5 te sorprenderá!») que eran más rápidos de generar y conseguían ese tan buscado click rate, aquello que podía demostrar que había ojos sobre la página que se podían traducir en publicidad y, por supuesto, dinero.

Eran las etapas tempranas de la carrera por nuestra atención. «El contenido es rey», se decía, y los blogs se fueron convirtiendo en máquinas de SEO2 hábilmente diseñadas para conseguir tráfico. Pero no era un sistema muy sustentable: la cantidad de lectores necesaria para sustentar la monetización de este negocio era demasiado grande.

Por un momento, pareció que el camino sería volver a los viejos tiempos de contenido cuidado lo suficientemente bueno, esta vez, para justificar estar detrás de una suscripción que financiara su subsistencia. En parte por un tiempo fue así: la era de los blogs amagó volver renovada en plataformas como Medium3.

Esta era duró solo unos años porque, poco después, llegó la gran revolución: el boom de la inteligencia artificial generativa. De un día al otro, redacciones enteras fueron reemplazadas por «bots». Esos sí que no se cansan, menos aún reclaman beneficios, y claro que pueden producir cantidad. Ya no se necesitan redactores que escriban artículos, como mucho se les podrá pedir que revisen lo que ha producido la inteligencia artificial. Se les podrá pedir que hagan posedición; así serán más eficientes.

Ese parece ser el paradigma hoy en día. ¿Cuántos artículos de los que leemos, cuántos posteos con los que nos cruzamos en redes están escritos mayoritariamente por humanos? No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que son cada vez menos. Y debo admitir que es tentador. Estoy segura de que produciría más si, en lugar de insistir tercamente en escribir por mí misma, generara artículos a partir de prompts. Seguramente podría publicar mucho más seguido. Seguramente tendría más engagement. Pero me niego.

Un blog sobre inteligencia artificial, generado 90% por inteligencia humana.

Este fue el subtítulo que, con mucha intencionalidad, elegí para mi blog. Me parecía importante dejar claro desde el primer momento que la amplia mayoría del contenido sería producido por mí: por un humano.

Esto no se debe a que me oponga terminantemente al uso de la inteligencia artificial. Todo lo contrario, me parece que puede ser de suma utilidad y es excelente para automatizar tareas. Pero, en muchos casos, no creo que deba ir más allá del rol de asistente o complemento. Tampoco se debe a que crea que soy necesariamente mejor redactora que cualquier LLM moderno, aunque esto me lleva a mi primer punto.

La IA escribe (o, más bien, produce textos) con base en lo aprendido al analizar cientos de miles de muestras con las que se ha entrenado. La IA busca patrones y los reproduce. Quizás por eso, salvo que se le den indicaciones muy precisas, tiende a escribir siempre con un estilo muy marcado y reconocible. Y ese estilo no es mi estilo. Si es mejor o peor, queda a juicio del lector, pero no es la forma en que a mí me gusta expresarme y, si bien podría acercar un texto producido por IA a mi estilo mediante posedición, estaría siempre contaminado por el original.

Además, hay una cuestión importante en esta idea de expresarse como una desea y no como una IA nos lo sugiere. Hay una relación muy estrecha en los seres humanos entre el lenguaje y el pensamiento, justamente, porque el lenguaje opera de intermediario en nuestro razonamiento. Ya sea cuando pensamos «en voz alta» o con nuestra «voz interior», el lenguaje es una parte esencial de nuestro proceso. Por eso me es tan importante plasmar mis ideas con mis palabras, para procesarlas de la forma en que yo elijo, para compartirlas con otros con un filtro humano.

Además, hay algo de resistencia en hacer las cosas con inteligencia propia cuando todo parece sugerirnos que deberíamos apoyarnos en la artificial. Es también el resistirse a usar siempre esa muleta, que no solo puede causar que olvidemos cómo hacer las cosas por nuestra cuenta, sino que también tiene sus cuestionamientos éticos4.

Pero, además, escribir es un acto de resistencia (como lo ha sido a lo largo de la historia) porque hoy en día es un acto que reivindica la importancia del valor humano no porque no haya un lugar para la tecnología, sino porque esta jamás debería ser un reemplazo total. Después de todo, somos esencialmente seres sociales y precisamos de esa interacción—sea viéndonos en persona, escuchándonos o leyéndonos—para crecer y proyectarnos.

Ahora, todo esto no quiere decir que no use absolutamente nada de IA para crear este blog, después de todo, por algo me reservé un margen del 10%.

Invirtiendo papeles: la IA, y no el humano, como complemento a la escritura

Ese 10% se debe a que, como he dicho antes, no me opongo ciega y tajantemente al uso de la inteligencia artificial. Es una herramienta que, como tal, puede ayudar a potenciar nuestras capacidades y sería necio rechazarla y negar que ha llegado para quedarse.

Lo que propongo es invertir un poco los papeles: en lugar de delegar la escritura a la máquina y dedicarnos a la posedición, ¿por qué no hacer lo contrario? Y con esto tampoco busco reemplazar la labor de los correctores y editores. De hecho, cuando los tiempos permiten, suelo solicitar la revisión de un humano entrenado antes de publicar mis artículos. Pero, como una capa más de edición, la inteligencia artificial es de suma utilidad.

En lo personal, yo le pido que no se enfoque en correcciones estilísticas, ya que tengo clara la forma en que me gusta escribir. Sí le pido que haga una revisión gramatical y ortotipográfica, ya que es fácil cometer errores de ese tipo. También, para temáticas más técnicas, le pido su opinión sobre la corrección conceptual de lo que he escrito. No le pido una versión corregida de mi texto, le pido que liste los errores que encuentra, y así me permito mantener control sobre qué cambios quiero aceptar o rechazar. Este enfoque es, en mi experiencia, el que me ha traído mejores resultados.

Otra gran utilidad de la inteligencia artificial es verla como una compañera de trabajo. En los equipos de contenido en que he trabajado, jamás esperamos que un compañero escribiera un texto por nosotros, pero no por eso dejábamos de trabajar, justamente, como un equipo. En conjunto, nos ayudábamos haciendo lluvias de ideas, nos pedíamos consejos, y nos usábamos para rebotar ideas y vencer el síndrome de la página en blanco. Todas estas funciones, a falta de un equipo, las puede cumplir decentemente un modelo de inteligencia artificial.

Por último, la principal forma en que uso IA para este blog, es quizás la menos ética: uso DALL-E para crear mis imágenes de portada. Es quizás el uso menos ético porque la generación de imágenes es un terreno pantanoso lleno de charcos embarrados de violaciones de derechos de autor. Pero la realidad es que no tengo los recursos, ni el talento, para generar imágenes en general, mucho menos con el estilo exacto que quiero para mi blog. Como dice la frase que se le atribuye popularmente a Groucho Marx: «estos son mis principios y, si no te gustan, tengo otros».

¿Y entonces en qué quedamos?

No dudo que existan espacios propicios para el uso de inteligencia artificial, incluso puedo entender que en algunas circunstancias sea preferible la posedición. Sin embargo, no creo en declaraciones generalistas del tipo de «el trabajo de redactor ha muerto». Al contrario, creo que hay espacios donde aún prima la necesidad de la conexión humana.

Recientemente, Sam Altman, CEO de OpenAI, publicó un extracto5 producido por uno de los modelos aún no publicados por la empresa declarando que era «la primera vez que se conmovía realmente por una pieza escrita por IA». Me reservo mi opinión sobre la calidad del texto6, pero como reflexión final comparto el primer pensamiento que despertó en mí: me es difícil, casi imposible, imaginar un mundo con arte sin intervención humana.


  1. Empresas como fue en su momento Buzzfeed, que se dedicaban a publicar decenas de artículos cada día sobre temáticas variadas. ↩︎
  2. «Search Engine Optimizaition», en español, «optimización para motores de búsqueda» o simplemente «posicionamiento en buscadores». En otras palabras, el arte de saber cómo hacer que los algoritmos de los buscadores coloquen a tu sitio entre los primeros resultados. ↩︎
  3. Este resurgimiento de los blogs tenía un diferencial: ahora se priorizaba la funcionalidad del artículo. Tenías que llevarte algo tangible, como un conocimiento o aprendizaje técnico. No bastaba con que un artículo fuera agradable de leer o que te llevara a la reflexión. ↩︎
  4. Para empezar, todos los LLMs (no solo los producidos en China, como algunos parecen sugerir) tienen sus sesgos implícitos. Y, en general, la forma en que producen su contenido no es muy trasparente, lo que hace aún más difícil detectar estos sesgos y, por lo tanto, compensarlos. Además, poco hablamos del gran impacto ambiental que tiene esta tecnología, por lo que si podemos disminuir su consumo cuando no es necesario, tampoco está nada mal. Y, por último, aunque no por eso menos importante, si la inteligencia artificial usa textos de otros para crear nuevos, ¿a quién pertenece la propiedad intelectual de los textos generados? ↩︎
  5. Pueden encontrar una versión traducida al español aquí. ↩︎
  6. The Guardian consultó a varios autores al respecto y recibió opiniones encontradas. Puedes leerlas, en inglés, aquí. ↩︎

Una respuesta a “¿Tiene sentido aferrarse a la escritura y resistirse a la posedición en plena revolución de la inteligencia artificial?”

  1. […] En mi último artículo, me explayé sobre cuán importante es para mí que este blog esté escrito usando casi exclusivamente inteligencia humana. Pero también allí mencioné que me reservo un pequeño margen de uso de inteligencia artificial para ayudarme a potenciar mis facultades de contenidista. […]

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